COMO NACIÓ NOALUZ Y LOS NIÑOS DE BARRO... EL AUTOR

Si has llegado hasta aquí, antes de hablarte de mis libros, me gustaría hablarte un poco de mí.
COMO NACIÓ NOALUZ Y LOS NIÑOS DE BARRO. EL AUTOR
Nota del autor
Cuando era niño, me encontré con una pregunta para la que nadie parecía tener una respuesta única.
En la escuela me enseñaban que el mundo había sido creado por una voluntad superior y que todos descendíamos de Adán y Eva. Poco después, en otra clase, aprendía que el universo se había formado a lo largo de miles de millones de años y que la vida era el resultado de una lenta evolución.
Ambas explicaciones me fascinaban. Ambas intentaban responder a las mismas preguntas. Y, sin embargo, parecían recorrer caminos distintos.
Aquella duda me acompañó durante gran parte de mi vida.
Con el tiempo comprendí que no pretendía elegir entre una visión u otra. Lo que buscaba era imaginar una historia capaz de tender un puente entre ambas. Una historia donde la creación, la evolución, la energía, la naturaleza, el alma y la conciencia pudieran convivir dentro de un mismo relato.
Así comenzó a nacer el universo de Báttux.
Durante más de cuarenta años fui acumulando notas, ideas, personajes, lugares, leyendas y acontecimientos. Lo que empezó siendo una sencilla reflexión sobre nuestros orígenes terminó convirtiéndose en una extensa saga poblada por familias, maestros, niños, exploradores, jinetes, guardianes y seres extraordinarios cuyos destinos se entrelazan a lo largo de generaciones.
Pero esta novela nunca ha pretendido ofrecer respuestas absolutas.
Es una leyenda.
Una leyenda que habla del nacimiento del universo y del origen de la vida, pero también de la amistad, del amor, de la pérdida, de la memoria y de la esperanza.
Es una historia donde la naturaleza ocupa un lugar central. Un mundo en el que las personas intentan vivir en armonía con cuanto las rodea y donde cada generación recibe la responsabilidad de cuidar aquello que ha heredado.
También es una historia sobre el conocimiento. Sobre la importancia de escuchar a quienes nos precedieron y de transmitir a quienes vendrán después aquello que hemos aprendido.
Muchos de los personajes nacieron inspirados en personas reales que han formado parte de mi vida. Otros surgieron durante el largo camino de escritura. Todos ellos fueron creciendo hasta formar una comunidad tan viva para mí como los paisajes que habitan.
Si esta obra llegó finalmente a completarse, fue gracias al apoyo constante de mi círculo más próximo. Sin ellos, probablemente muchas de estas páginas nunca habrían llegado a existir.
Después de tantos años conviviendo con esta historia, sigo creyendo que el mensaje más importante que contiene es sencillo:
La verdadera riqueza de cualquier mundo no reside en sus tesoros ni en su poder, sino en el respeto por la vida, en el cuidado de la naturaleza y en la capacidad de las personas para ayudarse unas a otras.
Espero que quienes recorran estas páginas encuentren aventuras, emociones y misterios, pero también un pequeño espacio para la reflexión.
Porque quizá las preguntas más importantes no son las que buscan explicar de dónde venimos, sino las que nos ayudan a decidir qué legado queremos dejar tras nuestro paso por el mundo.
Y, sin embargo, esta historia no nació como un libro.
Durante muchos años existió únicamente en mi voz.
En verdad, yo no soy escritor. Soy, simplemente, un contador de historias.
Siempre he contado relatos en voz alta, acompañado de gestos, silencios y alguna que otra onomatopeya. Cuando alguien no entiende algo, me detengo y lo explico. Así han vivido mis historias quienes me han escuchado desde siempre.
Pero escribir... escribir es otra cosa.
Es más silencioso. Más solitario. Más difícil, al menos para mí.
Durante mucho tiempo, las personas que me rodeaban ya conocían estas historias. Sin embargo, sentía la necesidad de que llegaran más lejos, a otras personas. Y cuando lo comenté con mi círculo más cercano, alguien me dijo algo muy sencillo:
Escríbelo.
Entonces me pregunté cómo se escribe algo que siempre ha sido contado con la voz.
Empecé con notas, borradores y pruebas. Y así, poco a poco, entre años de revisiones, fue tomando forma este libro. Y si estás leyendo estas palabras, es porque al final me atreví a dar vida a Noaluz y los niños de barro.
Por eso quiero pedirte algo muy simple: no leas esta historia solo con los ojos. Escúchala.
Imagina que alguien te la está contando al otro lado del fuego. Deja que las palabras te lleven a los lugares, a los personajes, a los sonidos y a los silencios.
Yo la vi así antes de escribirla. Y me gustaría que tú también la vieras así ahora.
Tal vez, entre estas páginas, encuentres algunas respuestas. O quizá encuentres nuevas preguntas. En cualquiera de los casos, el viaje habrá merecido la pena.
Gracias por escucharla.
Yo, no soy escritor...

Bienvenido al mundo de Noaluz y conviértete tú también en un Bufante Rojo.
Yo no soy escritor… solo un humilde contador de historias.
Si has llegado hasta aquí, antes de hablarte de mis libros, me gustaría hablarte un poco de mí.
"No escribo para que leas mis historias. Las escribo para invitarte a vivir dentro de ellas." Porque nunca me he considerado escritor. Prefiero pensar que soy un humilde contador de historias.
Desde muy pequeño me ha gustado escuchar relatos y, sobre todo, imaginar lo que ocurría antes de que comenzaran y después de que terminaran. Mientras otros disfrutaban leyendo una aventura, yo seguía dándole vueltas cuando cerraba el libro. Me preguntaba cómo pensaban los personajes, por qué habían tomado determinadas decisiones y qué habría sido de ellos después.
Creo que ahí empezó todo.
Recuerdo que, siendo todavía un chaval, en el colegio me enseñaban dos maneras de explicar el origen del mundo. Una era la científica y la otra la religiosa. Las escuchaba con atención, pero mi cabeza no conseguía elegir entre una y otra. Sin proponérmelo, comenzó a construir una tercera. No para demostrar que las demás estuvieran equivocadas, sino porque necesitaba imaginar un mundo donde todas aquellas preguntas pudieran convivir dentro de una misma historia.
Quizá, sin darme cuenta, aquel día comenzó realmente Noaluz.
Aunque tardaría más de cincuenta años en escribir la primera palabra.
Durante todo ese tiempo el Territorio de los Cuatro Colores fue creciendo en silencio dentro de mí. Llegaron montañas, bosques, aldeas, leyendas... y, poco a poco, aparecieron Dan, Ixaéla, los Bufantes Rojos, Noaluz y muchos otros personajes que terminaron teniendo vida propia.
Muchos lectores me hacen siempre la misma pregunta:
—¿De dónde sacas tanta imaginación?
Y mi respuesta siempre es la misma.
No lo sé.
A veces pienso que existe un viejo pergamino mágico que no tiene fin, donde están escritas las historias y que continúa escribiéndose en algún lugar. No está hecho de papel ni de piel. Nadie puede tocarlo. Solo existe cuando cierro los ojos... o, muchas veces, cuando los dejo bien abiertos y dejo que mi mente viaje por ese mundo. Entonces aparecen paisajes, conversaciones, aventuras y personajes que parecen esperar pacientemente a que alguien los escuche.
Yo solo intento recordar lo que he visto y contártelo lo mejor que sé.
Por eso nunca he sentido que invento historias.
Prefiero creer que las descubro.
Y quizá sea esa la razón por la que, cuando escribo una escena triste, también me emociono. O cuando alguno de mis personajes ríe, sonrío con él. Yo también soy un lector de ese viejo pergamino, y muchas veces descubro lo que va a ocurrir al mismo tiempo que tú.
En el Territorio de los Cuatro Colores no existen personajes secundarios.
Solo hay vidas que todavía no te he contado.
Porque una historia no la construye un único héroe. La construyen todos aquellos que caminan junto a él.
Mi mayor ilusión Ha sido compartir este mundo con personas que, como yo, todavía conservan la capacidad de maravillarse, de emocionarse y de hacerse preguntas.
Si alguna de estas historias consigue acompañarte durante unas horas, hacerte sonreír, emocionarte o recordar a alguien importante en tu vida, sentiré que todo el tiempo dedicado a escribir habrá merecido la pena.
Así que pasa.
Ponte cómodo.
Las puertas de la Aldea Roja siempre permanecerán abiertas para quienes deseen recorrer el Territorio de los Cuatro Colores.
Y recuerda...
Aquí no vienes solo a leer una historia.
Vienes a formar parte de ella.
Bienvenido a los Bufantes Rojos, porque Noaluz es uno de ellos.
