
Si has llegado hasta aquí, antes de hablarte de mis libros, me gustaría hablarte un poco de mí.

Bienvenido al mundo de Noaluz y conviértete tú también en un Bufante Rojo.
Yo no soy escritor… solo un humilde contador de historias.
Si has llegado hasta aquí, antes de hablarte de mis libros, me gustaría hablarte un poco de mí.
"No escribo para que leas mis historias. Las escribo para invitarte a vivir dentro de ellas." Porque nunca me he considerado escritor. Prefiero pensar que soy un humilde contador de historias.
Desde muy pequeño me ha gustado escuchar relatos y, sobre todo, imaginar lo que ocurría antes de que comenzaran y después de que terminaran. Mientras otros disfrutaban leyendo una aventura, yo seguía dándole vueltas cuando cerraba el libro. Me preguntaba cómo pensaban los personajes, por qué habían tomado determinadas decisiones y qué habría sido de ellos después.
Creo que ahí empezó todo.
Recuerdo que, siendo todavía un chaval, en el colegio me enseñaban dos maneras de explicar el origen del mundo. Una era la científica y la otra la religiosa. Las escuchaba con atención, pero mi cabeza no conseguía elegir entre una y otra. Sin proponérmelo, comenzó a construir una tercera. No para demostrar que las demás estuvieran equivocadas, sino porque necesitaba imaginar un mundo donde todas aquellas preguntas pudieran convivir dentro de una misma historia.
Quizá, sin darme cuenta, aquel día comenzó realmente Noaluz.
Aunque tardaría más de cincuenta años en escribir la primera palabra.
Durante todo ese tiempo el Territorio de los Cuatro Colores fue creciendo en silencio dentro de mí. Llegaron montañas, bosques, aldeas, leyendas... y, poco a poco, aparecieron Dan, Ixaéla, los Bufantes Rojos, Noaluz y muchos otros personajes que terminaron teniendo vida propia.
Muchos lectores me hacen siempre la misma pregunta:
—¿De dónde sacas tanta imaginación?
Y mi respuesta siempre es la misma.
No lo sé.
A veces pienso que existe un viejo pergamino mágico que no tiene fin, donde están escritas las historias y que continúa escribiéndose en algún lugar. No está hecho de papel ni de piel. Nadie puede tocarlo. Solo existe cuando cierro los ojos... o, muchas veces, cuando los dejo bien abiertos y dejo que mi mente viaje por ese mundo. Entonces aparecen paisajes, conversaciones, aventuras y personajes que parecen esperar pacientemente a que alguien los escuche.
Yo solo intento recordar lo que he visto y contártelo lo mejor que sé.
Por eso nunca he sentido que invento historias.
Prefiero creer que las descubro.
Y quizá sea esa la razón por la que, cuando escribo una escena triste, también me emociono. O cuando alguno de mis personajes ríe, sonrío con él. Yo también soy un lector de ese viejo pergamino, y muchas veces descubro lo que va a ocurrir al mismo tiempo que tú.
En el Territorio de los Cuatro Colores no existen personajes secundarios.
Solo hay vidas que todavía no te he contado.
Porque una historia no la construye un único héroe. La construyen todos aquellos que caminan junto a él.
Mi mayor ilusión Ha sido compartir este mundo con personas que, como yo, todavía conservan la capacidad de maravillarse, de emocionarse y de hacerse preguntas.
Si alguna de estas historias consigue acompañarte durante unas horas, hacerte sonreír, emocionarte o recordar a alguien importante en tu vida, sentiré que todo el tiempo dedicado a escribir habrá merecido la pena.
Así que pasa.
Ponte cómodo.
Las puertas de la Aldea Roja siempre permanecerán abiertas para quienes deseen recorrer el Territorio de los Cuatro Colores.
Y recuerda...
Aquí no vienes solo a leer una historia.
Vienes a formar parte de ella.
Bienvenido a los Bufantes Rojos, porque Noaluz es uno de ellos.